DE LA ADVERSIDAD AL ÉXITO: ESTA ES MI HISTORIA, SOY MEMO SERRANO

Las historias de éxito suelen contarse al revés. Primero aparecen los resultados: la carrera construida, los proyectos, el dinero, las personas que hoy escuchan a quien cuenta la historia. Después se mira hacia atrás y se ordenan los acontecimientos hasta convertirlos en una trayectoria casi inevitable. Pero una vida no se siente así mientras está ocurriendo. Hay decisiones que se toman sin saber qué van a producir, oportunidades que llegan cuando menos se esperan y momentos difíciles cuyo significado solo puede entenderse años después.

La historia de Memo Serrano tiene varios de esos momentos. Creció en Sinaloa, en una familia donde recibió amor y aprendió desde pequeño el valor del trabajo, la integridad y la honestidad. Como muchos hijos, también recibió una idea de lo que podía ser una vida bien construida: estudiar, conseguir un buen trabajo, formar una familia y alcanzar estabilidad. Durante muchos años siguió ese camino con determinación. Estudió ingeniería, trabajó mientras terminaba la carrera y fue construyendo una trayectoria profesional que lo llevaría de Ciudad Juárez a Tijuana y, posteriormente, a Estados Unidos.

Esta es mi historia. Soy Memo Serrano.

Mira este video donde Memo Serrano comparte en primera persona los momentos, decisiones y aprendizajes que forjaron su camino desde la adversidad hasta el éxito.

Los primeros años

Antes de convertirse en consultor y mentor, Memo conoció una realidad muy distinta a la que hoy podría asociarse con su nombre. Durante más de cinco años trabajó de noche mientras estudiaba ingeniería. En Ciudad Juárez entraba a trabajar a las doce de la noche y salía a las seis de la mañana; una hora después comenzaba su jornada en el tecnológico. Ganaba 700 pesos a la semana.
No recuerda aquellos años únicamente como una época de carencias. También los reconoce como parte de las experiencias que contribuyeron a formar su carácter. Había días de cansancio, frío y preocupación por el dinero, pero también estaba presente una convicción sencilla: tenía que seguir avanzando.
Después de terminar la carrera llegó otro desafío. Buscó una posición como ingeniero, pero las primeras oportunidades no correspondían con lo que esperaba. En lugar de quedarse esperando a que apareciera la opción adecuada, decidió trasladarse a Tijuana, donde comenzó nuevamente desde cero. La oportunidad que buscaba llegó algunos meses después, cuando consiguió un puesto de ingeniería de diseño en una empresa transnacional.
El cambio fue significativo. Aquel trabajo le permitió viajar a Milwaukee y experimentar durante seis meses una forma de vida que hasta entonces no había considerado cercana. La empresa cubría su departamento y automóvil, además de su sueldo. Más allá de las condiciones materiales, la experiencia amplió la idea que Memo tenía sobre lo que podía construir.
A veces una oportunidad no cambia inmediatamente las circunstancias de una persona, pero sí cambia la dimensión de aquello que considera posible.

Cuando la adversidad se convierte en un punto de transformación

Al regresar a México, Memo continuó desarrollándose profesionalmente. Llegó a ocupar una posición como gerente de ingeniería y, a los 25 años, tenía un equipo de alrededor de 30 ingenieros de diseño bajo su responsabilidad. Más adelante solicitó una posición en Estados Unidos dentro de la misma empresa y consiguió trasladarse en 2007.
Vista desde afuera, aquella trayectoria podía leerse como una historia clásica de movilidad profesional: estudiar, trabajar, asumir responsabilidades y avanzar. Pero una vida tiene más dimensiones que una carrera, y los años siguientes traerían experiencias que terminarían modificando profundamente su perspectiva.
Durante ese periodo atravesó un divorcio y circunstancias familiares que tuvieron un impacto importante en su vida. También llegó el nacimiento de su hijo Leonardo y, con él, una nueva etapa personal. Hubo momentos de dolor, incertidumbre y decisiones difíciles, pero también encuentros y relaciones que tuvieron un papel fundamental en lo que vendría después.
Entre esas personas estuvo Violeta, quien se convertiría en su esposa y en una figura central de su historia. Con ella comenzó a construir una nueva familia y, posteriormente, una nueva etapa de vida.
La historia no siguió una línea recta. Hubo mudanzas, proyectos empresariales que no funcionaron como esperaban y periodos de incertidumbre económica. También hubo momentos en los que Memo tuvo que detenerse y preguntarse qué quería hacer con los años que tenía por delante.
De la adversidad al éxito: Esta es mi historia — Memo Serrano

La identidad detrás de nuestras decisiones

El desarrollo personal llegó a su vida en ese contexto. Para Memo, no fue solamente la incorporación de nuevas herramientas o conocimientos, sino el comienzo de un proceso de autoconocimiento. Empezó a observar con mayor atención sus decisiones, sus hábitos y, especialmente, la imagen que tenía de sí mismo.
Ahí apareció un concepto que tendría una importancia particular en su historia: la autoimagen. La idea parte de una pregunta sencilla, aunque sus consecuencias pueden ser profundas: ¿cómo te describes a ti mismo cuando nadie más está hablando de ti?
Una experiencia puede influir en esa descripción. Un fracaso profesional puede hacernos pensar que no somos buenos para determinada actividad. Una crítica puede permanecer durante años. Una etapa económica complicada puede modificar lo que creemos que podemos permitirnos o alcanzar. Con el tiempo, algunas de esas conclusiones pueden incorporarse a nuestra identidad sin que volvamos a examinarlas.
Memo reconoce ese proceso en su propia experiencia. Después de un primer intento fallido relacionado con las ventas, durante años creyó que no era bueno para vender. El hecho había ocurrido una vez; la idea permaneció mucho más tiempo.
El interés por la autoimagen surgió precisamente de la necesidad de revisar esas conclusiones. No para negar las experiencias anteriores, sino para entender que una experiencia no necesariamente tiene que convertirse en una definición permanente de quién somos.

Las creencias que aprendemos a llamar «nuestra forma de ser»

En 2021, después de una etapa de dificultades económicas, Memo encontró el trabajo de quien se convertiría en su mentor. Comenzó a estudiar desarrollo personal y, después de participar en un seminario, tomó la decisión de formarse como consultor.
No tenía el dinero para hacerlo. Tuvo que pedirlo prestado y enfrentarse a las dudas de algunas personas que no entendían por qué quería invertir en una actividad profesional completamente distinta a aquella para la que había estudiado.
Poco después sufrió un accidente que lo obligó a pasar varias semanas en cama. Fue un periodo especialmente exigente: tenía una deuda, una familia y una nueva profesión que todavía estaba comenzando. Sin embargo, aprovechó ese tiempo para estudiar y trabajar de manera más profunda en la persona que quería convertirse.
Comenzó a escribir su autoimagen en tiempo presente y a utilizarla como una referencia para sus decisiones. Todavía no existían los resultados que posteriormente llegarían. Primero tuvo que construir una nueva percepción de sí mismo y actuar desde ella.
Ese detalle cambia la manera de mirar su transformación. No fue simplemente una cuestión de abandonar una carrera para comenzar otra. Fue un proceso en el que una experiencia profesional acumulada durante años se encontró con una nueva dirección personal.

El momento de dejar de reaccionar y empezar a decidir

Con el tiempo, Memo comenzó a trabajar como consultor y a formar grupos de coaching. Lo que había comenzado como una decisión tomada en un momento de incertidumbre terminó convirtiéndose en una nueva profesión y en el centro de su trabajo actual.
Pero quizá lo más interesante de su historia no sea el cambio de ingeniería al desarrollo personal. Es la manera en que una misma vida puede adquirir distintos significados dependiendo del momento desde el que se observa.
Los años de trabajo nocturno fueron una etapa difícil, pero también fueron los años en los que desarrolló una disciplina que después le serviría. La experiencia profesional en Estados Unidos representó una oportunidad para ampliar sus estándares. Los momentos de crisis lo llevaron a mirar aspectos de sí mismo que antes no había observado. El encuentro con un mentor abrió una nueva posibilidad profesional.
Ninguno de esos acontecimientos, por separado, explica lo que ocurrió después. La historia se construyó a partir de la relación entre todos ellos y de las decisiones que Memo tomó en cada etapa.
Por eso, hablar de éxito no tiene que significar únicamente hablar de dinero, posiciones profesionales o resultados. También puede significar hablar de dirección. De la posibilidad de reconocer que una etapa de la vida cumplió su propósito y que otra puede comenzar. De aprender de lo vivido sin quedar definido por ello.

Reentrenar la identidad para construir algo diferente

La adversidad forma parte de la historia de Memo, pero no es toda la historia. También están el trabajo, las oportunidades, la familia, los mentores, las decisiones y la disposición a comenzar nuevamente cuando las circunstancias lo exigieron.
Su recorrido muestra que una transformación personal no necesariamente ocurre en un solo momento. Puede construirse durante años, a través de experiencias que en principio parecen no tener relación entre sí. Una persona puede pasar de trabajar de madrugada para poder estudiar a dirigir un equipo de ingenieros; puede después atravesar una etapa completamente distinta y descubrir, en ese proceso, una nueva vocación.
Tal vez por eso las historias de éxito resultan más interesantes cuando se cuentan desde sus comienzos y no solamente desde sus resultados. Porque detrás de cualquier logro hay una versión anterior de esa persona que todavía no sabía cómo terminaría su historia.
Memo Serrano tampoco lo sabía.
Lo que sí hizo fue seguir tomando decisiones, aprender de lo que encontraba en el camino y, con el tiempo, construir una definición propia de lo que quería hacer con su vida. Esa es, finalmente, la parte de su historia que puede resultar más cercana para cualquiera que se encuentre en medio de un cambio: no siempre es necesario conocer el final para comenzar a escribir el siguiente capítulo.

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TRANSCRIPCIÓN DEL VIDEO

Los primeros años

Hola, ¿cómo estás? Te saluda Memo Serrano. Para mí es un honor compartirte mi historia y por qué me dedico a lo que me dedico hoy en día.

Crecí en Sinaloa, México. Mis padres siempre me dieron amor, me enseñaron a trabajar con integridad y honestidad. Sin embargo, también me transmitieron el plan de vida tradicional: 'Hijo, estudia para que tengas un buen trabajo, te cases y seas feliz'. Y eso fue lo que hice.

Estudié ingeniería y, durante más de cinco años, trabajé y estudié simultáneamente. Trabajaba de doce de la noche a seis de la mañana en una maquiladora de Ciudad Juárez como técnico de prueba, ganando 700 pesos a la semana; a las siete de la mañana entraba a clases en el Tecnológico.

Tuve que hacerlo porque en mi familia no teníamos dinero. Aunque mis padres siempre nos brindaron amor y una buena vida, llegó una etapa muy retadora. Agradezco enormemente esa experiencia porque sé que nos forjó el carácter a mis hermanos y a mí.

Recuerdo que al llegar a Ciudad Juárez veía a las personas dormidas en las rutas de transporte público y pensaba: '¿Cómo se duerme la gente?'. Poco tiempo después, yo era uno de ellos.

Esa etapa fue sumamente difícil. Lloraba de desesperación y quería regresarme; estaba solo con mi hermano, con mis padres lejos en Sinaloa. Hacía mucho frío y teníamos poca ropa. 700 pesos semanales en 1998 no alcanzaban para nada, pero forjaron la resiliencia que hoy me define.

Cuando una oportunidad cambia tus estándares

Al terminar la carrera busqué un puesto como ingeniero, pero las empresas locales no ofrecían el sueldo correspondiente. Decidí irme a Tijuana, donde vivía mi hermano mayor. Me despedí de mis amigos, cargué mi ropa en un pequeño automóvil —que era mi único patrimonio— y emprendí el viaje lleno de ilusión.

No fue fácil. Tras varios meses con dificultades económicas, busqué empleo en el periódico luego de un intento fallido de comercializar equipos para un empresario estadounidense. Aquel fracaso en ventas sembró en mi mente la creencia limitante de que yo no era bueno para vender, una idea que me acompañó durante años.

Encontré una vacante de ingeniero de diseño en una empresa transnacional en Tecate. A pesar de los exigentes requisitos, fui a la entrevista en inglés con directivos de Milwaukee y fui seleccionado.

Pasar de ganar 700 pesos semanales a 900 pesos diarios transformó mi realidad. Además, al mes me enviaron seis meses a Milwaukee, cubriendo departamento, automóvil y sueldo.

Esa experiencia elevó mis estándares y expandió mi autoimagen. Comprendí que era posible aspirar a una vida mucho mejor y tomé la firme decisión de que viviría en Estados Unidos.

Al regresar a Tecate, apliqué para la gerencia de ingeniería. Fui contratado y a los 25 años ya dirigía un equipo de 30 ingenieros de diseño. Estando en la cúspide salarial de la planta, decidí retomar mi meta: apliqué a una vacante interna en Estados Unidos y en 2007 la empresa gestionó mi emigración.

Una vida que no era la que imaginaba

Para entonces llevaba siete años casado con una persona que fue una gran maestra desde la adversidad. Durante ese tiempo nunca expresó su negativa a tener hijos, mientras en mí crecía el anhelo de ser padre.

En aquel momento carecía de la madurez y del crecimiento personal que tengo hoy. Tenía malos hábitos y abusaba del alcohol; incluso tocaba el acordeón en un grupo norteño, viviendo de fiesta en fiesta para ocultar un profundo vacío interior porque no me sentía pleno.

A los siete años de vivir en Estados Unidos con visa de trabajo, ella me anunció que estaba embarazada. Sin embargo, en lugar de alegría, comenzó a manifestar dolores continuos y a insistir en que debía abortar.

La acompañé a múltiples ginecólogos en Tijuana y San Diego, donde los médicos confirmaban que todo marchaba bien. Me tocó escuchar los latidos del corazón de quien habría sido mi primogénito, con sentimientos encontrados de ilusión y confusión.

Finalmente tomó la decisión de interrumpir el embarazo. Al salir del procedimiento se mostró sumamente alegre, lo que me causó un impacto emocional devastador. Acudimos a terapia psicológica, pero comprendí que la relación no tenía futuro. Decidí poner fin al matrimonio y ella regresó a Mexicali.

La etapa más oscura

Entré en una de las etapas más oscuras de mi vida. Me refugiaba en el alcohol y en las amistades, pero por dentro me sentía completamente roto y devastado.

Esa oscuridad me llevó a pensamientos suicidas. No comprendía por qué me ocurría aquello si había seguido al pie de la letra el guión social de estudiar, trabajar, casarme y buscar la felicidad. Mis padres llevaban casi 50 años casados y el divorcio no estaba en mis planes.

Fueron meses de quiebre emocional absoluto. En medio de ese fondo conecté profundamente con Dios y comprendí que mi vida tenía un propósito mucho más elevado.

En ese periodo conocí a Violeta Álvarez, el amor de mi vida, quien me rescató de las cenizas. Con ella podía mostrar mi vulnerabilidad y sanar el dolor acumulado. Al poco tiempo quedó embarazada.

Durante el proceso de divorcio enfrenté una demanda que me impedía traer a Violeta y a nuestro hijo Leonardo a Estados Unidos. Viajaba cada fin de semana de San Diego a Mexicali, cuestionando por qué sucedían las cosas. Al nacer Leo, el divorcio se resolvió a mi favor y poco después nos concedieron la residencia a los tres.

Más adelante abrimos un negocio de productos nutricionales en Tijuana. Aunque fue un gran aprendizaje, el modelo no prosperó y atravesamos nuevas dificultades financieras.

El desarrollo personal y el autoconocimiento

El desarrollo personal se convirtió en la luz al final del túnel: el autoconocimiento necesario para comprender quién era y hacia dónde quería ir.

En 2021 me encontraba en una situación económica muy apremiante. Mi esposa me encontró llorando en una habitación, frustrado de trabajar incansablemente sin ver los resultados deseados. Sabía que no era por falta de esfuerzo, sino por falta de mentoría.

En ese momento recibí una invitación a un seminario virtual de cinco días con Bob Proctor. La información resonó profundamente conmigo y sentí que era la respuesta que tanto había pedido.

Al quinto día pregunté cómo podía formarme como consultor. El costo de la certificación era de 2,000 dólares. No tenía el dinero, pero tomé una decisión irreversible y salí a buscarlo prestado.

Enfrenté rechazos y burlas de personas cercanas que cuestionaban mi capacidad para ser coach. A pesar del dolor que causaban esos juicios, superé el ego, conseguí el préstamo e invertí en mi formación, aprendiendo lo que significa vivir por fe.

Tomar una decisión y sostenerla

Al tomar la decisión de certificarme y comenzar como consultor, enfrenté una fuerte resistencia mental y del entorno. A los cinco días sufrí un grave accidente con una banda elástica que me golpeó el ojo, provocando una hemorragia y pérdida temporal de la visión.

Pasé mes y medio en cama con la deuda económica, dos hijos pequeños y una nueva carrera por construir. Comprendí que nadie vendría a rescatarme y que dependía enteramente de mi determinación.

Me dediqué de 12 a 14 horas diarias a estudiar los principios de Bob Proctor y comencé a redactar mi autoimagen en tiempo presente, definiendo con exactitud la persona en la que me estaba convirtiendo.

Decidimos vender los muebles y la casa en Rosarito para mudarnos a Estados Unidos y apostar todo a nuestra nueva visión. Con el respaldo incondicional de mi esposa Violeta, nos fuimos temporalmente con mis padres. Cada mañana me miraba al espejo autosugestionándome desde la gratitud y la certeza de los resultados deseados, viviendo por fe y no por vista.

A los tres meses generé 77,000 dólares en dos semanas. Empecé a formar grupos de coaching y hoy cuento con 18 generaciones, cientos de alumnos y millones de dólares generados.

Este camino ha sido posible gracias a Dios, a mi esposa, a mis hijos, a mi mentor Bob Proctor y a cada uno de los estudiantes que han confiado en mí. Toda la sabiduría acumulada en cuatro décadas y en estas experiencias de vida está volcada en este programa para acompañarte paso a paso a transformar tu realidad. Si estás listo, caminemos juntos.