Es importante mantener la mente abierta para comprender estos principios. Un paradigma puede entenderse como un programa mental que controla el 98 % de la percepción, la lógica, las decisiones, la productividad y muchas otras áreas de la vida.
Cada vez que alguien comparte una idea diferente, el paradigma tiende a rechazarla. Ese condicionamiento mental proviene de las ideas, creencias y patrones con los que crecimos, heredados de nuestros padres y del entorno.
En pocas palabras, son creencias. Cada vez que se escucha algo que no está en armonía con lo que se considera lógico o verdadero, el paradigma lo rechaza automáticamente.
Si hoy no se tienen los resultados que se buscan, probablemente es porque el paradigma ha rechazado muchas oportunidades e ideas que pudieron haber cambiado el rumbo.
Estudiar estos principios permite desarrollar un mayor nivel de conciencia. La conciencia es entendimiento: darse cuenta de cómo se está pensando, cómo se está sintiendo y qué se está haciendo. Cuando existe esa conciencia, también existe la posibilidad de cambiar.
Una persona con un alto nivel de conciencia puede identificar cuándo es su paradigma el que está rechazando una idea y cuándo realmente está escuchando aquello que sabe que necesita hacer. Muchas veces aparece esa voz interior que dice: "No puedes", "eso está mal", "mejor no". Mientras no se entienda ese proceso, será muy difícil desarrollar la mentalidad, las emociones y las acciones de una persona que vive en abundancia.
Todo lo que se comparta a partir de este momento será cuestionado por el paradigma. Precisamente esa puede ser una de las razones por las que todavía no se obtienen los resultados deseados.
Bob Proctor decía: "No escucho tus palabras; veo tus resultados." Son las acciones las que reflejan verdaderamente la forma de pensar.
Al comenzar a estudiar estos principios también surgieron muchas dudas. Cada enseñanza era cuestionada por el paradigma, hasta que llegó un momento de hacer una reflexión muy sencilla: ¿Hasta dónde habían llevado la lógica, la percepción y las creencias? ¿Realmente habían producido los resultados que se buscaban?
La respuesta fue clara. Si los resultados no eran los esperados y quien enseñaba estos principios había ayudado a millones de personas durante más de sesenta años, entonces valía la pena dejar a un lado las creencias por un momento, abrir la mente y poner en práctica lo aprendido.
Si se continúa pensando y actuando exactamente igual, los resultados seguirán siendo los mismos.
Por eso, el mejor consejo es cuestionar las propias creencias y abrir la mente. Estos principios no surgieron recientemente; forman parte de un legado de más de cien años que comenzó con Napoleon Hill, continuó con Earl Nightingale y fue desarrollado durante más de seis décadas por Bob Proctor, quien ayudó a millones de personas, así como a líderes, empresas y organizaciones de todo el mundo a transformar sus paradigmas.