La mente también puede convertirse en una prisión
Muchas de las cosas que hacemos todos los días parecen decisiones, pero no siempre nacen de una elección consciente. A veces respondemos desde una creencia que nunca cuestionamos, desde una inseguridad que aprendimos a proteger o desde el miedo a lo que otros puedan pensar.
El miedo al qué dirán es un ejemplo sencillo. Puedes querer hacer algo y detenerte antes de intentarlo porque imaginas la crítica, el juicio o el rechazo. En ese momento, no estás tomando una decisión desde tu libertad: estás reaccionando desde el miedo.
Lo mismo ocurre con las creencias limitantes. Si una persona cree que no es capaz, que no merece determinada vida o que el dinero es algo negativo, esa creencia puede terminar estableciendo los límites de lo que se permite buscar. La creencia deja de sentirse como una idea y empieza a funcionar como una regla.

