¿Cómo funciona el coaching y qué hace realmente un coach?

Hay un momento en una sesión de coaching en el que una situación que parecía perfectamente conocida empieza a verse de otra manera. El coach escucha, pregunta y acompaña una conversación que busca comprender con mayor precisión aquello que la persona está viviendo.

Por Memo Serrano•8 min de lectura

Hay un momento en una sesión de coaching en el que una situación que parecía perfectamente conocida empieza a verse de otra manera.

Puede ocurrir cuando una persona explica por qué no ha podido tomar una decisión y, al intentar ordenar lo que acaba de decir, descubre que lleva semanas justificando el mismo comportamiento. O cuando habla de un conflicto con alguien y se da cuenta de que está describiendo una situación que se ha repetido con personas diferentes. A veces ocurre simplemente cuando una pregunta obliga a detenerse en algo que hasta ese momento parecía demasiado evidente para cuestionarlo.

Ese momento no tiene necesariamente una respuesta espectacular. Puede ser una observación pequeña, incluso incómoda, pero cambia el lugar desde el que la persona está mirando su situación. Ahí comienza buena parte del trabajo del coaching.

Una sesión tiene una dirección determinada. El coach escucha, pregunta y acompaña una conversación que busca comprender con mayor precisión aquello que la persona está viviendo. Qué está intentando conseguir, qué ha ocurrido hasta ahora, qué decisiones ha tomado y qué posibilidades tiene frente a sí son algunas de las preguntas que pueden aparecer durante el proceso.

La conversación se convierte así en un espacio de observación. A partir de lo que surge en ella, la persona puede empezar a reconocer elementos de su propia experiencia que hasta ese momento estaban mezclados, automatizados o simplemente fuera de su atención.

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Todo comienza con una situación concreta

Un proceso de coaching suele comenzar con una situación que tiene suficiente importancia para que la persona quiera dedicarle tiempo y atención. Puede tratarse de una decisión profesional, un cambio que quiere realizar, una dificultad con su equipo, un proyecto que no consigue desarrollar o una meta que lleva tiempo intentando alcanzar.

La primera tarea consiste en darle forma a aquello que se quiere trabajar. Decir “quiero mejorar mi liderazgo” plantea una intención amplia. Explicar “me cuesta delegar porque reviso personalmente cada decisión de mi equipo” permite entrar en una situación específica y comenzar a explorar qué está ocurriendo.

Esta precisión puede modificar completamente la conversación. Cuando una situación se observa de cerca aparecen circunstancias, decisiones y comportamientos que suelen perderse cuando se habla de ella de manera general. También puede aparecer una diferencia entre lo que la persona cree que está ocurriendo y lo que efectivamente está haciendo.

Por eso, las primeras conversaciones pueden dedicar bastante tiempo a comprender el contexto. Qué ha sucedido, qué se ha intentado, qué resultado se ha obtenido, qué se quiere conseguir y qué tendría que cambiar son elementos que ayudan a construir un punto de partida.

¿Cómo funciona el coaching? — Memo Serrano
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Lo que sucede durante una sesión

A partir de ese punto comienza una conversación que puede tomar diferentes caminos. El coach escucha, formula preguntas, pide ejemplos y profundiza en aquello que considera relevante para el proceso. La conversación puede centrarse en una decisión concreta, en una conducta que se repite o en una situación que la persona está interpretando de determinada manera.

Una persona puede llegar pensando que necesita organizar mejor su tiempo y descubrir durante la conversación que gran parte de su dificultad está relacionada con los compromisos que acepta. Otra puede plantear que tiene un problema con su equipo y terminar observando que concentra tantas decisiones en sí misma que ha reducido el margen de acción de las personas que trabajan con ella.

Estos descubrimientos no aparecen necesariamente porque el coach tenga una explicación preparada. Surgen a partir de la conversación y de la capacidad de mirar una situación desde diferentes ángulos. El proceso permite detenerse en detalles que normalmente pasan rápido por la mente cuando estamos ocupados resolviendo lo inmediato.

En ese sentido, una sesión puede modificar la manera en que una persona entiende aquello que está viviendo. Y cuando cambia la comprensión de una situación, también pueden aparecer nuevas alternativas para actuar frente a ella.

Situación concreta en el proceso de coaching — Memo Serrano
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Las preguntas como herramienta de exploración

Las preguntas ocupan un lugar importante dentro del coaching porque permiten profundizar en aquello que la persona está contando. Su valor depende del momento, del contexto y de la capacidad del coach para escuchar lo que hay detrás de las respuestas.

Si alguien afirma que “no puede” hacer algo, por ejemplo, puede ser útil explorar qué significa exactamente esa expresión. Quizá existen limitaciones reales de tiempo o recursos. Quizá hay una decisión que todavía no se ha tomado. Quizá existe temor ante las consecuencias de actuar. Cada posibilidad conduce a una conversación diferente.

Algo similar ocurre con expresiones como “siempre”, “nunca”, “tengo que” o “soy así”. Cuando estas palabras aparecen, pueden describir una experiencia, pero también pueden contener una interpretación que vale la pena revisar.

La conversación adquiere profundidad cuando deja de moverse únicamente alrededor de los acontecimientos y comienza a explorar la manera en que la persona los está interpretando y respondiendo a ellos. El coach acompaña ese recorrido y ayuda a mantener la atención sobre aquello que puede ser relevante para el objetivo planteado.

Las preguntas y la escucha como herramienta de exploración — Memo Serrano
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Cuando una conversación empieza a producir decisiones

El coaching tiene una dimensión práctica porque las conversaciones necesitan relacionarse con la experiencia cotidiana. Una nueva perspectiva puede ser importante, pero adquiere otra dimensión cuando lleva a una persona a tomar una decisión concreta.

Imaginemos a alguien que reconoce durante una sesión que lleva meses evitando una conversación necesaria. Comprender las razones de esa evitación puede ser útil, pero el proceso puede avanzar hacia algo mucho más concreto: decidir si tendrá esa conversación, cuándo lo hará y qué necesita expresar.

Lo mismo puede ocurrir con una persona que quiere delegar una responsabilidad. Durante la sesión puede reconocer que supervisa cada detalle porque teme que el resultado no sea suficientemente bueno. Esa observación abre la posibilidad de experimentar con una forma diferente de trabajar y comprobar qué ocurre.

La siguiente sesión puede partir precisamente de esa experiencia. Quizá la delegación funcionó mejor de lo esperado; quizá surgieron dificultades; quizá la persona descubrió que necesitaba establecer expectativas más claras. Cada resultado proporciona nueva información para continuar el proceso.

De esta manera, las sesiones se relacionan con lo que ocurre entre ellas. La vida cotidiana se convierte en parte del espacio de aprendizaje y las decisiones tomadas fuera de la sesión alimentan las conversaciones posteriores.

Nueva perspectiva y claridad en las decisiones — Memo Serrano
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¿Qué hace realmente un coach?

El papel del coach consiste en facilitar ese proceso. Para hacerlo necesita escuchar con atención, comprender el contexto del cliente, identificar aquello que merece explorarse y utilizar las herramientas correspondientes a su metodología.

En determinados procesos puede trabajar con preguntas y ejercicios de reflexión. En otros puede incorporar modelos de evaluación, seguimiento de objetivos o herramientas específicas. La forma de trabajar depende de la preparación del profesional y del tipo de coaching que ofrece.

También existe una responsabilidad importante en la manera de conducir la conversación. El coach necesita distinguir entre acompañar y dirigir cada decisión del cliente. Su experiencia puede aportar perspectivas, pero el proceso debe permitir que la persona conserve la responsabilidad sobre aquello que decide y sobre las acciones que llevará a cabo.

Esta participación activa es parte esencial del coaching. El cliente llega con una situación, la explora durante las sesiones y después lleva las decisiones a los espacios donde realmente se desarrolla su vida: su trabajo, su negocio, sus relaciones y sus circunstancias cotidianas.

“El coach necesita distinguir entre acompañar y dirigir cada decisión del cliente. Su experiencia puede aportar perspectivas, pero el proceso debe permitir que la persona conserve la responsabilidad sobre aquello que decide.”
Decisión y acción en la vida real — Memo Serrano
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¿Qué ocurre entre una sesión y otra?

Una parte importante del proceso sucede precisamente cuando la sesión termina.

Durante la conversación pueden aparecer conclusiones, decisiones o acciones que después tendrán que enfrentarse a situaciones reales. Allí aparecen detalles que difícilmente podrían anticiparse durante una conversación: la reacción de otras personas, las propias emociones, las dificultades prácticas o la facilidad con la que determinados comportamientos vuelven a aparecer.

Ese material puede regresar a la siguiente sesión.

Una persona puede descubrir que consiguió hacer aquello que había decidido, pero que la situación produjo un resultado distinto del esperado. Otra puede darse cuenta de que, frente a la primera dificultad, regresó automáticamente a su comportamiento anterior. También puede ocurrir que una decisión que parecía importante durante la sesión deje de tener sentido cuando se observa desde la experiencia.

Todo ello forma parte del proceso porque permite trabajar con situaciones concretas y no únicamente con ideas generales sobre el cambio.

Sesión y proceso de coaching — Memo Serrano
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El proceso también consiste en revisar lo que sucede

La revisión permite que el coaching avance. Cada nueva experiencia puede aportar información sobre aquello que la persona está intentando modificar y sobre la manera en que responde cuando aparecen determinadas circunstancias.

Por ejemplo, alguien puede proponerse comenzar a delegar y descubrir que la primera dificultad aparece cuando un colaborador toma una decisión diferente de la que él habría tomado. Esa situación ofrece una oportunidad para observar qué sucede internamente cuando las cosas dejan de hacerse exactamente como se habían imaginado.

La conversación siguiente puede profundizar en esa experiencia y ayudar a decidir qué hacer con ella. Quizá sea necesario ajustar una expectativa, establecer un criterio más claro o trabajar sobre la incomodidad que aparece al perder cierto control.

El proceso avanza así mediante una combinación de reflexión y experiencia. La sesión aporta un espacio para observar y ordenar; la vida cotidiana proporciona situaciones en las que esas nuevas observaciones pueden ponerse a prueba.

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No existe una única forma de hacer coaching

La palabra coaching reúne metodologías y especialidades diferentes. Un proceso de coaching ejecutivo puede concentrarse en liderazgo, toma de decisiones y desempeño profesional, mientras que un proceso de coaching personal puede abordar objetivos relacionados con distintas áreas de la vida. El coaching de equipos, por su parte, trabaja con dinámicas que involucran a varias personas.

También existen enfoques que ponen especial atención en el desarrollo personal, las emociones, la mentalidad, la identidad u otros aspectos relacionados con el cambio.

Esta diversidad hace importante conocer la preparación del profesional y la metodología que utiliza. Dos personas pueden presentarse como coaches y trabajar de maneras considerablemente distintas, aun cuando utilicen el mismo término para describir su actividad.

Para quien está buscando un proceso, entender estas diferencias puede ayudarle a encontrar un acompañamiento que corresponda con aquello que quiere trabajar.

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El enfoque de Memo Serrano

En el trabajo de Memo Serrano, el coaching forma parte de una propuesta que integra mindset, identidad, sistema nervioso y dominio propio. Su metodología de reentreno identitario contempla diferentes etapas: diagnóstico, circuito, regulación, decisión y reentreno.

La estructura parte de observar lo que está ocurriendo antes de intentar modificar una respuesta. La regulación y la observación ocupan un lugar importante antes de llegar a la decisión y al reentreno, de acuerdo con la metodología que presenta Memo.

Estos conceptos tendrán un desarrollo propio dentro de la guía porque cada uno responde a preguntas diferentes. Aquí interesa entender cómo forman parte del proceso: pueden influir en la manera en que una persona interpreta una situación, responde ante ella y construye nuevas formas de actuar.

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¿Cómo empezar a observar todo esto?

Comprender cómo funciona el coaching puede ser una primera aproximación, pero hay una diferencia entre conocer un concepto y comenzar a observarlo en la propia experiencia.

Despertar, el entrenamiento de Memo Serrano, parte precisamente de ese primer acercamiento. Es un espacio para comenzar a observar la manera en que respondes ante lo que ocurre, reconocer algunos patrones y abrir una conversación sobre aquello que quieres transformar.

No necesitas llegar con una definición perfecta de tu problema. Parte de la experiencia consiste en comenzar a mirar con mayor atención lo que ocurre en situaciones concretas: cómo respondes bajo presión, qué decisiones repites, qué conversaciones evitas o qué comportamientos aparecen una y otra vez.

Ese proceso de observación es el punto de partida de Despertar y conecta con una de las ideas centrales del trabajo de Memo: desarrollar la capacidad de regular, observar, decidir y generar nuevas respuestas.

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¿Qué hace realmente un coach?

Un coach acompaña a una persona durante un proceso en el que una situación puede pasar de ser algo que simplemente está ocurriendo a convertirse en algo que puede observarse, comprenderse y trabajarse.

La conversación es una parte importante del proceso, pero el trabajo continúa cuando la persona lleva esas observaciones a su vida cotidiana. Allí aparecen las decisiones, las dificultades, los resultados y las nuevas preguntas que permiten avanzar.

Por eso, entender qué hace un coach también implica entender qué hace el cliente durante el proceso. Uno facilita el espacio y acompaña la exploración; el otro lleva esa exploración a sus propias decisiones y experiencias.

En última instancia, el valor del coaching está en esa posibilidad de mirar una situación con suficiente claridad como para abrir nuevas alternativas y después comprobar, en la experiencia, qué ocurre cuando se elige una manera diferente de actuar.

En última instancia, el valor del coaching está en esa posibilidad de mirar una situación con suficiente claridad como para abrir nuevas alternativas y después comprobar, en la experiencia, qué ocurre cuando se elige una manera diferente de actuar.

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